ESCOBEDO, NAZARET
«En Sevilla había una casa y en la casa una ventana y en la ventana una niña que las rosas envidiaban». Así empezaría este libro si fuera una copla de Concha Piquer. Así se nos presentaría a Nazaret Escobedo, que nos remite estas cartas llenas de árboles, flores, pájaros, leyendas, perros, momias y señoras con calzado cómodo, a esa niña que se ha hecho mayor y nos lleva de paseo por su ciudad natal. Después, como en las películas de un cine de verano, cambiaríamos el punto de vista y, al ser nosotros quienes mirásemos por esa ventana, veríamos que lo de las rosas es una licencia poética. Las rosas no envidian a nadie y, además, son amigas de Nazaret.