GARCIANDIA GARMENDIA, ROSANA
Esta obra presenta el contenido esencial de la tesis doctoral defendida por la Profesora Rosana Garciandía en la Universidad de Navarra, que yo dirigí junto con la Profesora Reyes Calderón, de la Facultad de Económicas de dicha Universidad. Tengo que reconocer que ha sido todo un placer haber compartido durante este tiempo muchas horas de discusiones con la autora de esta obra, que sale ahora a la luz una vez hechas, como no podía ser de otra manera, las adaptaciones pertinentes que toda publicación exige. Y es que el tema era complejo y complicado, no sólo por la grave crisis financiera que desde el año 2008 (se podría decir casi desde el 2007), se ha ido instalando en una buena parte de la sociedad internacional sino también porque no se sabía muy bien cómo se le podía hacer frente una vez que se constataron las graves lagunas existentes en el ámbito institucional de la sociedad financiera internacional tanto pública como privada.
La elección del tema vino marcada por la formación jurídica y económica de la autora (Licenciada en Derecho y Economía), así como por su interés declarado desde los inicios de su formación en temas relacionados con el desarrollo de los países más vulnerables. De ahí surgió la idea de analizar el endeudamiento internacional como un fenómeno que, aunque fue muy estudiado en los años ochenta y noventa, seguía estando en el tapiz de la actualidad internacional y requería una revisión conceptual. En efecto, en esos años no se hablaba de los países emergentes, ni estos tenían el peso económico, comercial y financiero que tienen actualmente. Tampoco existía el ya famoso G-20, que en el campo que aborda la autora, el endeudamiento internacional, ha sido muy relevante, metiendo a la Organización de las Naciones Unidas en el baúl de los recuerdos, como todo el mundo sabe. Por eso casi todo era novedoso, aunque algunos de los aspectos que se tratan en esta obra hubieran sido ya abordados anteriormente desde otras muchas perspectivas.
En el momento actual, se podría decir, como bien apunta la profesora Garciandía en su texto, que son dos los ejes que dibujan el panorama económico internacional. Por una parte, en lo que atañe a los países más desarrollados, la crisis financiera internacional de 2008 modificó sustancialmente la realidad al desembocar en crisis de la economía real que provocaron que países hasta entonces económicamente estables se vieran obligados a pedir ayuda a las instituciones financieras internacionales. La situación de crisis ha provocado, además, preocu¬pantes aumentos en los niveles de endeudamiento de los Estados, renaciendo el fantasma del peligro de un endeudamiento excesivo en muchos de ellos.
Por otra parte, la crisis pondría a los países menos desarrollados en una encrucijada puesto que, a pesar de llevar muchos años intentando alcanzar mayores niveles de desarrollo y bienestar, en el momento presente todavía sigue siendo una utopía que muchos de ellos garanticen unas condiciones de vida adecuadas a sus ciudadanos. El compromiso de resolver esta situación implica sin duda a los países en cuestión, pero esta situación va más allá de eso, pues no puede dejar indiferente al resto de países y en definitiva a la comunidad internacional en su conjunto.
Por todo esto, como muy bien sostiene la autora, es legítimo y necesario repensar un fenómeno como el endeudamiento, que puede jugar un papel esencial en este panorama que acabo de describir. Y es que no cabe duda de que es preciso reflexionar sobre conceptos como la deuda sostenible, la deuda odiosa, o la responsabilidad jurídica que se puede exigir a acreedores y deudores, como se hace en este libro, aunque en periodos de crisis, como el que vivimos ahora, algunos intenten defender el principio de «sálvese quien pueda».
En la obra que aquí tengo el honor de prologar, el lector puede encontrar una breve pero acertada revisión de los acontecimientos históricos que han marcado el devenir de los hechos en materia de deuda externa. En ese marco histórico se presenta además un análisis de gran interés sobre lo que el Derecho internacional puede aportar al endeudamiento internacional. Así, se analiza el papel de las distintas instituciones internacionales en las principales crisis de deuda que han acontecido en las últimas décadas, y se estudia qué normas de Derecho internacional se aplican a acreedores y deudores. Ni que decir tiene que esto nos adentra en un terreno movedizo en donde guardar un cierto equilibrio no resulta fácil, ya que en algunos casos las tesis defendidas eran completamente opuestas.
Especialmente llamativa es la manera en que se abordan los conceptos de deuda sostenible y deuda odiosa. El primero de ellos, por su contenido eminentemente económico, deja entrever, en la manera de presentarlo al lector, la formación económica de la autora que, sin utilizar herramientas que por técnicas pudieran resultar incomprensibles, expone con sencillez la base económica necesaria para su comprensión. El segundo, la deuda odiosa, controvertida por los efectos que podría tener el reconocimiento de determinadas consecuencias jurídicas, se trata con valentía y sobre todo con rigor y neutralidad, lo que garantiza un análisis de gran utilidad.
Por último, me gustaría recalcar la contundente posición de la autora al dejar claro que el endeudamiento internacional no es un fenómeno anclado en el pasado. Conviene apuntar, igualmente, que este fenómeno no sólo afecta ahora a los países en desarrollo, y si no que se lo pregunten a Grecia, Irlanda o Portugal, así como a otros muchos países europeos que en los últimos tiempos han tenido que recurrir a ayudas o «rescates» de tipos diversos. Y es que su evolución, fruto de las diferentes crisis y del aprendizaje de las partes implicadas, revela, como muy bien sugiere esta obra, la necesidad de seguir profundizando en cuestiones relacionadas con este tema. Los retos son nuevos, y las respuestas deben ser también nuevas, algo que estamos constatando también aquí en Europa.
Dicho esto, creo que es de justicia felicitar a la autora, actualmente Profesora en la Universidad de Murcia, por habernos presentado una investigación clara, rigurosa, pegada al terreno y práctica, algo que en los tiempos que corren no suele ser muy habitual. De Navarra a Murcia hay algunas leguas, pero estoy seguro de que sabrá adaptarse a las nuevas condiciones académicas y climatológicas con éxito, algo que ya estamos comprobando