HERMANN HELLER
Desde la antigüedad viene nuestro Occidente elaborando, en forma oral y escrita, un vasto conjunto de doctrinas y conocimientos que hoy suelen designarse con la expresión Ciencia política, pero sin que haya sido aún posible determinar con precisión ni el objeto ni el método de esta disciplina, en cierto modo enciclopédica. Al decir Ciencia política , no quedan fijados ni el concepto de lo político, ni el de la ciencia; de donde se desprende, desde luego, que no cabe pensar ni en un círculo de problemas bien demarcado, ni tampoco en un método específico de la mentada Ciencia política. La proteidad de la Ciencia política y la pugna entablada en torno a cuáles deban ser su objeto y su método, se hallan hoy en la misma situación que tuvieron en las postrimerías de la civilización helénica. En la actualidad presenta la Ciencia política una cierta demarcación, si se atiende a su objeto; sus métodos, en cambio, se han multiplicado de un modo nada común. Objeto propio del conocimiento político, únicamente existe cuando se reconoce lo político en su carácter peculiar; si se nos manifiesta tan sólo como un reflejo de algo distinto, sea de lo
metafisico-religioso, de lo económico naturalista, o de cualquiera otra esfera, no resulta posible la Ciencia política, por carencia de objeto propio de conocimiento, y, a lo sumo, actuará como rama de la teología y la economía, etc., que es lo que ocurre, verbigracia, con la concepción del Estado en San Agustín o con la concepción materialista de la historia de Marx y Engels.