HUME, DAVID
DE LA MORAL Y OTROS ESCRITOS. Las disputas con hombres pertinazmente obstinados en sus principios, resultan ser las más fastidiosas de todas; excepto, tal vez, las que tienen lugar con personas de absoluta mala fe, las cuales no creen realmente en las opiniones que defienden, pero se entrometen en la controversia por afectación, por una suerte de espíritu de oposición, o con el deseo de mostrar una agudeza y una ingeniosidad superiores a las del resto de la humanidad. En ambos casos, cabe esperar idéntica especie de adhesión ciega a sus propios argumentos, el mismo desprecio hacia sus antagonistas; y la misma vehemencia apasionada en orden a reforzar la sofistería y la falsedad. Pues, como el razonamiento no es la fuente de donde derivan sus dogmas los que disputan, resulta vano esperar que una lógica que no hable a los afectos, les induzca a abrazar principios más sanos. La finalidad de todas las especulaciones morales consiste en enseñarnos nuestro deber, y a engendrar los hábitos correspondientes, mediante adecuadas representaciones de la deformidad del vicio y la belleza de la virtud y a comprometernos a evitar uno y abrazar la otra. David Hume