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El "arte Prerrománico Leonés o arte Prerrománico del Reino de León", desarrollado entre los reinados de García I y Vermudo IV (910-1037), constituye una de las manifestaciones culturales más originales y fascinantes de la Alta Edad Media en el occidente europeo.
Estéticamente, este arte destaca por ser una encrucijada de influencias. Combina de forma magistral la tradición constructiva hispana previa (tanto goda como asturiana) con aportaciones estéticas y técnicas del mundo musulmán traídas por los dimmíes que huían de al-Ándalus. El resultado es una arquitectura única de iglesias (mayoritariamente monásticas) al servicio de la liturgia hispánica, caracterizada por el uso del arco de herradura califal, con un cerramiento muy acusado, alfices y frisos de esquinilla decorativos y el uso de bóvedas gallonadas.
La iluminación caligráfica (los llamados Beatos) y las artes suntuarias también alcanzaron cimas extraordinarias en los edificios de la zona, dejando códices miniados de una expresividad visual inigualable. El prerrománico leonés no fue un mero arte de transición; fue el lenguaje propio de una frontera viva, y la última manifestación genuinamente hispánica antes de la llegada del románico.