DAWSON, CHRISTOPHER
ORIGENES DE EUROPA, LOS. No creo yo sea necesario justificar la composición de este libro acerca del período generalmente conocido como la «edad tenebrosa», pues, pese a los progresos realizados en todos los campos de la historia medieval y no obstante el creciente interés por la cultura de aquel tiempo, ésta queda todavía como materia olvidada y despreciable. Los ulteriores siglos del Medievo, por ejemplo, el undécimo o el decimotercero, han tenido cada uno de ellos un carácter propio y peculiar; en tanto que la mayoría de los transcurridos entre la caída del Imperio romano y la conquista normanda, ofrecen un perfil confuso y sin contornos precisos, carente de fuerza real para clavarse en nuestras mentes. Y, en realidad, fue una edad que sufrió mutaciones más repentinas que ninguna otra de las de la historia de la civilización europea; en efecto, como recalco en el título, fue la edad creadora por excelencia, ya que no formó esta o aquella manifestación cultural, sino la misma cultura, la raíz y la base de todos los logros culturales posteriores. Edad que nos resulta difícil comprender y apreciar, en parte debido a la naturaleza creadora de su actividad. Fue un proceso orgánico interno que no se manifiesta en llamativos resultados exteriores, por lo cual carece de la atracción superficial de las épocas de brillante expansión cultural, como el Renacimiento o el siglo de Augusto. Porque no son los períodos «tranquilos» de la historia los más dignos de estudio. Uno de los grandes méritos de la historia es que nos saca de nosotros mismos lejos de los hechos no discutidos y nos descubre una realidad que de otro modo desconoceríamos. Cada Estado nacional ha creado millares de intereses gigantescos preparados para defenderle, y la causa del internacionalismo halla asimismo campeones en las huestes del liberalismo, del socialismo y de la finanza internacional. Hasta las gentes orientales han llegado a tener consciencia de sí mismas, siguiendo las trazas de los nacionalismos de Occidente y desarrollando una propaganda nacionalista calcada de sus modelos occidentales. Pero nadie ha pensado jamás llamar a Europa una nación, y la causa de Europa yace sumida en el olvido. Christopher Dawson